Afecto lábil: “Variabilidad anormal en el afecto, con cambios repetidos, rápidos y bruscos de la expresión afectiva”.
Lábil: “Inestable. Que puede deslizarse fácilmente de un lado hacia el otro”.
Labilidad emocional: “La labilidad emocional es un conjunto de alteraciones en la manifestación de la afectividad (llantos, risas inapropiadas o, en general, respuestas emocionales desproporcionadas como reacción a la afectación física) y que en ningún caso significa que exista un auténtico problema psiquiátrico”.
Bueno, la segunda parte de esta última definición me tranquiliza un poco: no estoy mal de la cabeza. Tampoco me ajusto del todo a las demás pero algo de cada una reconozco que sí tengo.
Guardo silencio durante semanas. Será porque la vida va más o menos encarrilada, hasta el punto de que puedo confesar (con pudor) algún aburguesamiento. El edificio donde vivo, Graystone Place (Sitio de la Piedra Gris); los caserones blancos que hay en la calle de atrás, de los que parece que vaya a salir flotando Mary Poppins en uno de estos días de viento y llovizna que hemos tenido; el club de cricket que tenemos enfrente, al que acuden deportistas de la tercera edad (que dentro de poco será la segunda). Todo ello, junto con mi lavaplatos (usado como escurridor), lavadora, secadora, microondas, alfombras indias, parqué, lámparas de pie, sofás beige en el salón, mesa de comedor para ocho comensales y hasta cuarto de huéspedes (que en su día sería el del servicio), creo que me están acomodando.