Hasta la vista
Teniendo en cuenta que hace mucho que no escribo regularmente, voy a dar carpetazo oficial a esta etapa de mi vida en los blogs. Quizás abra otro en el futuro, ya lo diré aquí para el que quiera pasarse. Lo que escriba, si es que el doctorado me deja tiempo para escribirlo, pretendo que sea narrativa y dentro o fuera del mundo virtual. A ver si este verano me puedo dedicar a eso de una vez por todas.
Así que me despido cordialmente. Ahora me pondré a escribir trabajos para clase y ponencias para conferencias que me están acuciando.
Hasta la vista,
Mundodedé
Ya en Miami
Ya en Miami. Hacía frío a mi llegada. Eso sí, nada parecido a Madrid o a Filadelfia, por donde pasé ayer un par de horas y en la que pude ver la nieve desde arriba. Fue curioso porque franqueé la aduana (“bienvenido de vuelta”, “bienvenido, señor”, me repitieron varios policías, como si me conocieran, lo cual me produjo una sensación placentera, de familiaridad) y tuve que recoger la maleta pero, en vez de salir a la calle como hice en los últimos dos años (donde me esperaban siempre Pep o Rose, mis dos ángeles de la guarda), tomé la puerta de al lado y seguí adelante para volver a facturar y tomar el siguiente avión. Como el que sube un peldaño más, como el que toma otro camino y pasa de pantalla en el videojuego estadounidense (acabo de caer en cuánto se parece esto a un videojuego, con sus obstáculos, pruebas de resistencia y, todo hay que decirlo, premios). Fue una forma muy física (tomar una puerta y no la otra) de reconocer que me quedo de momento por aquí
Ya en Miami, la vuelta al hogar ha sido estupenda. Mis amigos Carlos y Sarah, que me han estado cuidando la casa en mi ausencia (mientras huían de lo rigores del norte), han tenido el detallazo de montar mi estantería. Y no es tontería, llevaba todo el semestre pendiente de montaje. También me encontré otra sorpresa agradable, me había llegado mi ejemplar del número uno de la revista Orsai, con la que he estado llorando y riendo durante las últimas dos horas, cubierto por dos edredones.
Ahora, a terminar de instalarme. ¡Y a trabajar!
Vacaciones
Llevo dos días de vacaciones. Bueno, tres si contamos el día de hoy, que lo estoy pasando calentito, arropado, resfriado en casa. Hasta ahora, desde que llegué a España, sólo había hecho que escribir trabajos finales. Cuando salí a la calle después de una semana de encierro, me encontré con Madrid y sus luces navideñas, con los cambios de una ciudad que hacía unos meses que no veía: los paseos sobre la M-30, la nueva estación del AVE… Ahora, ya en Elche, las palmeras engalanadas de Navidad sobre el cauce del río Vinalopó. Además, ha llovido. Con todas sus diferencias, nada puede ser más parecido a las vacaciones de siempre.
Al ataque
Quería dejar otro nuevo minipost porque el del otro día me quedó algo alicaído, desplomado como estaba yo. Como dije en un comentario, estoy convencido de que el aplastancio fue debido al espartamo de un batido de frutas que pedí en una heladería. Estoy tan sano que cualquier pecadito me afecta. Pero mucho. Me parece increíble que venenos como ese sean legales en este país. Y en España, claro, donde el gobierno no parece muy concienciado sobre esos temas. El caso es que vi cómo la chica echó un chorro transparente donde luego puso la banana y el mango y eso me supuso estar todo el fin de semana hecho polvo, sin capacidad de reacción.
Menos mal que me he recuperado porque ha empezado lo fuerte, tengo mil entregas y lecturas que hacer. Falta muy poco para el final del semestre y ahora viene lo bueno, el redoble final del concierto. El golpe de platillos no sonará hasta mediados de diciembre que tengo que entregar los trabajos finales.
Este fin de semana vienen amigos de visita, lo pasaremos bien. Pero no puedo dejar de trabajar.
Ah, también estoy contento porque por fin he podido ir a comprar mantas, son unos cubrecamas muy confortables. ¡Que en Miami no siempre hace calor!
Al ataque.
Lavado de cara y el viejo aplastancio
Llevaba tres meses en Miami, como digo en el “Quién soy” que he puesto ahí al lado, en mi blog recientemente remozado. Llevaba tres meses encontrándome estupendamente. Ya sé que ahora no tiene foto de cabecera, era una foto que me gustaba y que se me ha perdido al probar un nuevo diseño. En fin, ya la encontraré. Estaba tomada en Jaén, con la sierra y la catedral de fondo, en la terraza de un hotel durante un viaje con Maracaibo Teatro. Ya la encontraré. Sí, me ha vuelto el aplastancio. A pesar de los diversos intentos y pruebas con dietas y suplementos. Justo ahora que empieza la recta final, el último mes del primer semestre del doctorado. No he escrito nada de poesía, al menos en papel. Ya escribiré más, de momento sólo quería dar la noticia de que le he lavado la cara al blog y de que ha vuelto mi amigo el aplastancio.
Desaparecido
Últimamente estoy desaparecido blogueramente hablando. La verdad es que estoy manteniendo más el contacto por Facebook, donde me gustaría encontrarme a todos vosotros también. La vida va muy bien últimamente, en Miami ha empezado a refrescar un poquito, se puede decir que tenemos desde hace un par de días un clima primaveral. Sigo teniendo mucho trabajo pero estoy aprendiendo a que no me desborde ni me masacre. Así que últimamente si estoy desaparecido es por propio gusto. Tengo que hacer fotos, esto está realmente bonito, el campus y su vegetación, sin ir más lejos, es una maravilla. Hoy me he bañado en la piscina, imaginaos: rodeado de verde y con un cielo claro y limpio, una luz cinematográfica. Es increíble la luz que hay en Miami, hasta ves a la gente con un contraste de tonos diferente. Es como si los píxeles con los que ahora miro se optimizaran al máximo y dieran una calidad antes desconocida.
Me voy a la jornada de puertas abiertas de las galerías de arte de Wynwood. Hay comida y bebida gratis. Para celebrarlo, pongo aquí un par de poemas, los que he escrito en este verano que acaba de terminar. Leer el resto de esta entrada »
Curso nuevo, vida nueva
No sé bien si voy a poder escribir a menudo ahora que he empezado el doctorado. Ni siquiera si lo podré hacer de vez en cuando. Esto ya ha empezado y la cosa se adivina ajetreada. Al menos, como ya saben los míos, estoy instalado en mi nuevo hogar, ya con muebles (cama, sofá-cama, escritorio-mesa de comedor, cuatro sillas y una estantería para todo lo que voy a tener que leer en los próximos 5 años). El ambiente es insuperable, según mi gusto, tanto en la ciudad como en la universidad, con los profesores y compañeros. Todo pinta muy bien. Leer el resto de esta entrada »
Música para mis oídos
Para Héctor
He estado viviendo como un trapecista sin red, subiendo a trenes con las tripas mecánicas al aire (enormes pero lujosos trastos ruidosos). He caminado durante años por las estaciones de mi vida, por andenes de todo tipo y plataformas de países distintos (valga el símil ferroviario) sin este alivio que siento ahora. Escuchar música mientras andas convierte todo lo que te rodea en una experiencia viva. Lo difícil es transcurrir a pelo en este áspero mundo. Pero con música, hermano, esto es otra cosa. Leer el resto de esta entrada »
Ya estoy donde Yulio
Con este calorcito primaveral (hay días que parece que sea verano), tengo la sensación de que ya estoy donde Yulio (Iglesias), es decir, allá al sur del país, en Maiami, donde voy a seguir mis estudios superiores, léase doctorado, a partir de agosto. Mi idea era volver a casa definitivamente pero, por zanjar el tema que me ha estado angustiando estos dos últimos años, la explicación a mi decisión es sencilla: a ver quién me hubiera ofrecido en España un contrato por cinco años cobrando todos los santos meses. Y encima, estudiando lo que me gusta. Lo que digo, ya parece que esté allí: sol, barbacoas, fin de curso, la universidad vaciándose lentamente, los estudiantes mudándose al aire acondicionado paterno en bandadas de aves migratorias…
Poemas semiautomáticos
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.
Jaime Gil de Biedma
Leo sobre un poeta que escribía sobre poetas. Meta literatura, le llaman a eso. Metástasis poética, se me ocurre a mí llamarle, sin (o con pocas) connotaciones mortales. Más bien es una manera de revivirse a costa de los poetas muertos y a la vez fardar un poco de tus lecturas, de todas esas noches solitarias en las que te has sentido menos solo gracias a un libro. En todo caso, de todas esas noches en que no estabas viendo la televisión hasta la bofetada estridente del himno nacional, quiero decir. Hasta la bofetada y quedándote con ganas de más, añadiría a regañadientes. Noches culpables al no estar leyendo debido a un denigrante celo catódico, una zoofilia televisiva que sólo producía crisis pecaminosas. He leído sobre un poeta porque ya no tengo televisión (ni puta falta que me hace). Leer el resto de esta entrada »